Ruta Histórica Chañaral

un territorio indómito

Nuestro recorrido se inicia hace más de 290 millones de años, cuando fuerzas telúricas de una magnitud difícil de imaginar dieron forma y vida al territorio que actualmente conforma la comuna de Chañaral y que hoy comprende planicies litorales y farellones costeros vinculados a la cordillera de la Costa, dando paso hacia el interior, a sedimentaciones fluviales y aluviales.

El río Salado, a pesar de ser muy pequeño y de cauce tranquilo, cambia notablemente su torrente en periodos lluviosos, para convertirse en una fuerza irrefrenable de agua, barro y escombros, que arrasa todo a su paso. Estos aluviones eran llamados “huaicos” por los pueblos originarios del Área Pan Andina.

Su clima, caracterizado por la aridez, es desértico costero influenciado por el anticiclón del Pacífico que genera temperaturas moderadas que bordean los 18°C. La vegetación costera recibe la humedad de la llamada camanchaca o neblina costera, que permite la vida de arbustos xerófitos y de flora herbácea, como matorral costero y cactáceas columnares; pero también de árboles endémicos como el algarrobo y el chañar, todos ellos regados por afloramientos de agua dulce.

El chañar, árbol endémico del territorio, cuyo fruto dulce es comestible y que llega a medir unos 5 metros de alto, da origen al nombre de este puerto: Chañaral.

La ciudad de Chañaral, se encuentra ubicada a 167 km de Copiapó, capital de la tercera región de Atacama y a 962.7 km de la capital nacional, Santiago de Chile. Posee una superficie de 5.772 km². Con una población total de 13.410 habitantes.


PRIMEROS HABITANTES DEL TERRITORIO
CULTURA HUENTELAUQUÉN Y PUEBLO CHANGO

Desde el año 9.000 a de C. en adelante el territorio fue poblándose por distintos grupos humanos. Hoy en día es posible conocer su presencia gracias sitios arqueológicos conocidos como conchales, ubicados en las costas de Atacama[1] y Chañaral. En tales sitios fueron encontrados vestigios de artefactos y herramientas empleadas para faenas de pesca, caza y recolección de alimentos, y su mayoría aparecen sobre dunas alrededor de afloramientos rocosos. Los emplazamientos de los conchales van desde el borde costero hasta varios kilómetros hacia el interior (Niemayer, 1998, p.45) y proporcionan un testimonio de la cultura material y espiritual de estos primeros pobladores del litoral.

El periodo Arcaico Temprano, cuya cronología va desde los 9.000 a de C. a los 4.000 a de C., tiene en la llamada cultura Huentelauquén su expresión más característica. Este grupo se adaptó exitosamente a las condiciones climáticas existentes en ese momento desplazándose desde el norte de la costa del Pacífico, o hacia el interior de los valles, ubicándose desde Antofagasta a Los Vilos. Su economía se basaba en la recolección y en la caza de fauna terrestre y marina. En cuanto a su producción material, la cultura huentelauquén se caracterizó por la creación de litos geométricos, artefactos de molienda, raspadores, hojas y puntas de proyectil. En Atacama se han encontrado sus vestigios en Pan de Azúcar, Obispito, Flamenco, Bahía Maldonado, Huasco, Totoral, Canto del Agua, Carrizal Bajo y Caldera. Varias de estas piezas, son exhibidas en el Museo Rodulfo Philippi de Chañaral, y en otras muestras del país.

Los Changos fueron los últimos exponentes de un largo proceso cultural de ocupación precolombina de la costa de la región de Atacama. Estos aparecen en las fuentes coloniales bajo distintos nombres: “camanchacas”, “uros”, “pro-anches” o “changos” y son los descendientes de una larga tradición de grupos cazadores y pescadores que compartieron un mismo tipo de economía basada en la explotación de los recursos locales de la costa y en el intercambio con otros pueblos.

Hoy, a más de mil años del desarrollo de estas culturas costeras, sus descendientes aún mantienen viva la técnica ancestral de la pesca y el oficio de construcción de balsas de cuero de lobo marino.

*El pueblo Chango es uno de los diez pueblos originarios reconocidos por el Estado de Chile. Su reconocimiento consta en la Ley Núm. 21.273, publicada en el Diario Oficial el 17 de octubre de 2020.

[1] En sitios como Piqueros 4, Soldado 1, Castillo 1, Médano 1 y 2; Obispito 1, Flamenco y Pan de Azúcar, Caleta Hedionda y en Punta Achurra.

AUGE MINERO Y ALBORES
DEL PUERTO

Con el descubrimiento del mineral cuprífero de Las Ánimas, en 1827 por Diego de Almeyda, comenzaron las primeras obras del puerto de Chañaral de las Ánimas. La ciudad fue desarrollando con el correr del tiempo un perfil económico-productivo vinculado, principalmente, a las explotaciones mineras y a exportaciones comerciales realizadas a través del puerto de Chañaral, punto de circulación de mercaderías y también lugar de partida para exploraciones al desierto de Atacama.

En el siglo XIX Chañaral se convirtió, progresivamente, en un foco de atracción demográfica debido a su vitalidad económica y mercantil, a esto se suma el hecho de que también sus territorios interiores pronto se convertirían en importantes centros de actividad minera. Por ello, a partir de 1850 una gran cantidad de obreros y empresarios mineros de orígenes diversos comenzaron a arribar al puerto de Chañaral. Como consecuencia de esta dinámica, las décadas de 1860 y 1870 se caracterizaron por el crecimiento sostenido de la ciudad y del puerto.

RESILiENCIA Y EVENTOS
NATURALES

Desde que existen registros históricos el puerto y ciudad de Chañaral ha sido protagonista de un sinnúmero de desastres, ya sea por causas naturales u por ocasionados por el ser humano (efectos antrópicos) que han incidido en la trama y desarrollo urbano: terremotos, maremotos, inundaciones, aluviones e incendios han transformado la fisonomía de Chañaral en más de una ocasión y han tenido como respuesta la admirable resiliencia de sus habitantes. Entre los eventos más significativos, por su magnitud de destrucción, es posible mencionar el terremoto y posterior maremoto de 1922, los grandes incendios de 1909, 1938 y 1944 y recientemente, el aluvión de 2015.

El primero de ellos ocurrió el 10 de noviembre de 1922, cuando un terremoto de 9 grados de intensidad provocó un devastador maremoto con olas de 10 metros de alto, que entraron hacia el interior de la ciudad al menos un kilómetro. Las calles Varela, Freire y Merino Jarpa fueron las más afectadas tras la arremetida del mar y una serie de edificaciones resultaron completamente destruidas, entre ellas la estación de ferrocarriles y su maestranza, la Escuela N°3, la fundición de la Compañía Francesa, el teatro, el edificio de la Caja de Ahorros, el Hotel Royal, el Registro Civil y la estación de Bomberos.

El incendio de 1909 redujo a cenizas una manzana en calle Merino Jarpa, entre calle Los Baños y Conchuela. Mientras que el siniestro de 1938 afecto a la calle Comercio con las Heras y Müller y el de 1944 a la calle Merino Jarpa, incendiándose la antigua residencial La Marina junto al hotel Lido.

Producto de inusuales precipitaciones en el sector cordillerano de Atacama, el 25 de marzo de 2015 se produjo un aluvión de bíblicas dimensiones que bajó por la cuenca del río Salado y arrasó todo a su paso provocando importantes pérdidas en infraestructura vial, pública, privada y la irreparable pérdida de vidas humanas. La acumulación de relaves mineros en la desembocadura del río Salado, que elevó el nivel del terreno, impidió la evacuación natural de las aguas ante las crecidas del cauce. Gran parte del centro de la ciudad de Chañaral quedó anegado y la ruta 5 destruida.